Acá les va un artículo más o menos decente... creo...
Esto, en algún momento de melancolía, hastio, cansancio, yo qué sé, se me vino a la cabeza.
Melancolía y ganas de echar todo por la borda
“Tú ¿Quién eres, triste sonrisa?” pregunto a quien se muestra ante mí en ese cristal. Está muy decepcionada, por algún motivo. Es la cínica sonrisa, hecha añicos, que al mundo mostraba. No, no quiero seguir mintiéndome a mí misma. Este no es mi mundo, no es mi mundo al menos no sin él.
Afuera el ruido de los coches es para trastornar a cualquiera, solo oigo un martilleo en mis oídos, un ruido tan fuerte que hace retumbar el piso, los vidrios. Bah, qué tanto importa.
Siempre espero tanto de la vida… pero siempre acabo llevándome las peores desilusiones… Es como tocar el cielo con la punta de mis dedos y luego caer de cuerpo completo en las profundidades del infierno ¡Ja! Ya estoy hasta la coronilla de llorar por malditas pequeñeces…
Niñata llorica
No sé, en verdad, qué demonios quiero de la vida, desde hace mucho que ando a la deriva, ni por aquí, ni por allá. Siempre perdida, maldita sea. Estoy harta de tantas cosas… Odio, detesto, aborrezco la puta rutina. Odio a esa manga de idiotas que intenta imponerme su fastidioso ritmo. Soy una inútil que desea vivir a su ritmo, a su manera, sin leyes ni horarios. ¡Quiero ser yo, por un demonio! Y sin embargo, estúpidamente, voy como una oveja más del rebaño, acoplándome a lo que otros hacen, diciendo lo que otros dicen, intentando cumplir las expectativas de esta enferma sociedad. Estoy cabreada, si es que debo poner mi estado en un ánimo concreto. Estoy hasta el gaznate de todos ustedes, sí ¡En especial de ti, asco de vida! La vida es un antro y todos somos unos desgraciados. Ja, fin del cuento y jódete, tío.
“Tú ¿Quién eres, triste sonrisa?” pregunto a quien se muestra ante mí en ese cristal. Está muy decepcionada, por algún motivo. Es la cínica sonrisa, hecha añicos, que al mundo mostraba. No, no quiero seguir mintiéndome a mí misma. Este no es mi mundo, no es mi mundo al menos no sin él.
Afuera el ruido de los coches es para trastornar a cualquiera, solo oigo un martilleo en mis oídos, un ruido tan fuerte que hace retumbar el piso, los vidrios. Bah, qué tanto importa.
Siempre espero tanto de la vida… pero siempre acabo llevándome las peores desilusiones… Es como tocar el cielo con la punta de mis dedos y luego caer de cuerpo completo en las profundidades del infierno ¡Ja! Ya estoy hasta la coronilla de llorar por malditas pequeñeces…
Niñata llorica
No sé, en verdad, qué demonios quiero de la vida, desde hace mucho que ando a la deriva, ni por aquí, ni por allá. Siempre perdida, maldita sea. Estoy harta de tantas cosas… Odio, detesto, aborrezco la puta rutina. Odio a esa manga de idiotas que intenta imponerme su fastidioso ritmo. Soy una inútil que desea vivir a su ritmo, a su manera, sin leyes ni horarios. ¡Quiero ser yo, por un demonio! Y sin embargo, estúpidamente, voy como una oveja más del rebaño, acoplándome a lo que otros hacen, diciendo lo que otros dicen, intentando cumplir las expectativas de esta enferma sociedad. Estoy cabreada, si es que debo poner mi estado en un ánimo concreto. Estoy hasta el gaznate de todos ustedes, sí ¡En especial de ti, asco de vida! La vida es un antro y todos somos unos desgraciados. Ja, fin del cuento y jódete, tío.
Cállate, que molestas…
Al diablo. La gente solo se limita a escucharme vociferar, mirándome como quién mira perritos ladrando en un maldito escaparate o como quién mira a una persona peligrosa. Y ya qué… me habitué al desprecio en esas miradas, al miedo, al odio. No soy su favorita ni muchos menos ellos son de mi mínimo agrado. Es que hay que ver que hay gente imbécil. Y ellos… ¡Bastante imbéciles! No me importa en lo más mínimo lo que la gente diga de mí. Me vale que ellos piensen que estoy demente o que solo me lleno el hocico de cosas que jamás haría, de meras vanaglorias… ¿Y qué? Soy yo la que habla pendejadas, mejor cállense la boca y sigan mirando como les dirijo mis miradas de odio… Como si mis inocuo resentimiento fuese siquiera a mellar en ustedes… Gente poderosa, sin embargo, sois insignificantes…
Mientras más os irrite, más os gritaré, hasta que me escuchéis, hasta que os deis por enterados de la bola de babosos que sois. No os creáis superiores solo porque otro imbécil os lame el culo. Sois elogiados a costa de algún beneficio, no por vuestra “genialidad”, que si fuera por eso, yo estaría donde vosotros estáis, no acá partiéndome el culo como bruta, trabajando hasta el desmayo. Sí, ya habéis oído, corruptos. Vosotros no podréis acallarme, aunque muera, habrán otros que seguirán con esta queja, llevándola a flor de labios.
He dicho. Vosotros solo sois escorias.
Al diablo. La gente solo se limita a escucharme vociferar, mirándome como quién mira perritos ladrando en un maldito escaparate o como quién mira a una persona peligrosa. Y ya qué… me habitué al desprecio en esas miradas, al miedo, al odio. No soy su favorita ni muchos menos ellos son de mi mínimo agrado. Es que hay que ver que hay gente imbécil. Y ellos… ¡Bastante imbéciles! No me importa en lo más mínimo lo que la gente diga de mí. Me vale que ellos piensen que estoy demente o que solo me lleno el hocico de cosas que jamás haría, de meras vanaglorias… ¿Y qué? Soy yo la que habla pendejadas, mejor cállense la boca y sigan mirando como les dirijo mis miradas de odio… Como si mis inocuo resentimiento fuese siquiera a mellar en ustedes… Gente poderosa, sin embargo, sois insignificantes…
Mientras más os irrite, más os gritaré, hasta que me escuchéis, hasta que os deis por enterados de la bola de babosos que sois. No os creáis superiores solo porque otro imbécil os lame el culo. Sois elogiados a costa de algún beneficio, no por vuestra “genialidad”, que si fuera por eso, yo estaría donde vosotros estáis, no acá partiéndome el culo como bruta, trabajando hasta el desmayo. Sí, ya habéis oído, corruptos. Vosotros no podréis acallarme, aunque muera, habrán otros que seguirán con esta queja, llevándola a flor de labios.
He dicho. Vosotros solo sois escorias.
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