Y con ojos grandes mira, esconde la cabeza entre sus rodillas y llora. Siente su mano sobre su cabeza y levanta a ver. Él le dedica una sonrisa. Aunque rota, a veces ríe, a veces simplemente ríe por reír, a veces llora y ríe a la vez. Se levanta de su pequeño trono destrozado y camina entre cristales rotos, riendo demencialmente mientras las lágrimas bañan sus calientes mejillas.
Sí, ríe, ríe, ríe porque no se oigan los sollozos que salen de lo profundo de tu alma marchita que trata de abrirse en flor a nuevas experiencias.
Se mueve como ave en jaula de un lado a otro, recogiendo jasmines y algún que otro nomeolvides para hacerse las memorias, las memorias que al cerrar los ojos, serán borradas, desaparecerán como un zurco en el agua, sus manos atrapan la aspereza que otros dejaron en su corazón. Ha sido despojada de su corazón y sólo ha quedado un sucio trasto, se ha olvidado la sonrisa y aunque ría, su alma llora y llora sin encontrar consuelo, sin esperanzas. Quizá si alguien...
Deja de construír coronas de flores entre fierros y pide un deseo. Alguien llega, la mira y ella sonríe. Y a esta llegada, aunque a veces ríe, seguirá estando rota. Anda, desconocido y dale un bálsamo para sus heridas, dale un pañuelo para que seque sus eternas lágrimas. Necesitaríamos un corazón del tamaño del sol para hacer caber sus sentimientos. No, no, la amabilidad puede ser dolorosa si no se transmite con cuidado, si se da una dosis repentina, puede terminar de destrozar aquel trasto que tiene por corazón. Nada más mirar esos grandes ojos que piden que sigan alimentando esa ilusión.
Y aunque rota... su corazón vuelve trozo por trozo. En la cima amó, en el abismo lloró, en el abismo rió y en la tierra ha de volver a amar, seguramente, definitivamente.
Nunca hay nada que decir, mi cerebro es estúpido y dice las cosas en los momentos más desfasados que te puedas imaginar. Fiel reflejo de mi proceso llamado «madurez».
Sep 30, 2010
Volver a vernos por primera vez
Me dejé acariciar por la brisa nocturna, buscando algún indicio de que no era la dirección errada. Las estrellas seguían brillando allá arriba, cubriendo de blanco muchas zonas azul añil por ahí, luna no se observaba, pero así estaba bien. Alguien ha llamado y me ha despertado, me he levantado del colchón de hierbas que cuidaba que mi cuerpo no pisara impureza alguna ¿Y valía siendo esto, aunque yo no fuese pura? Alguien a lo lejos, muy a lo lejos, traza con las estrellas un camino que deberé seguir, llama con voz susurrante confundiéndose con el viento y con los grillos. Llama, sigue llamando, insiste, quiere que vaya.
Si esa persona hubiera venido, si hubiera estado antes, quizas, no me olvidaría de sonreír, recordaría que fue reír, estaría no aquí, estaría dónde está, desde donde me llama a vivos susurros, desde donde me espera con los brazos abiertos, esperando desarmar este sueño y volverlo realidad. Si estuviera aquí... me haría más fuerte, seguramente, sería capaz de pelear conmigo misma y ganar de una buena vez. Todo, todo si estuviéramos juntos...
Y comienzo a seguir la ruta que esa persona me traza,
me guío por el canto de los grillos a la noche, por el trino de las aves, a la mañana. Probablemente, probablemente ese alguien esté tan solo como yo, tan asustado como yo, tan ansioso como yo ¿Me esperas, me anhelas, me quieres? No, no necesitas llorar, déjame el llanto y el dolor a mí, sólo a mí, tú no debes de cargar estas tristezas, definitivamente no. Déjame a mí la tristeza y ríe tú, porque si ríes, seré feliz. Mientras tanto, espérame en donde sea que te encuentres, ¿Sí?
No quiero que las cosas cambien, pero si cambian, no me iré más, nunca más me alejaré, aunque este corazón sea arrancado trozo a trozo de estas manos que, inútilmente, tratarán de protegerle, pese a que me desgarren la vida en un absurdo afán de proteger lo que no es posible proteger, por creer en lo inexistente, por vivir lo que no es. No importa, es parte del proceso, volverme más fuerte, aunque sólo sean impresiones mías. Me estoy haciendo más fuerte, más fuerte y más podré darte de mí, pese a que ya lo he dado todo, creo que puedo seguir dando. Es sólo cuestión de creer, de creerlo ciegamente como ciegamente te he seguido todo este tiempo, toda esta vida.
A veces, como hoy, te llamo a gritos, otras, simplemente susurro tu nombre, aunque lo desconozca. No, no sé si te vuelvas a mirarme, si me des una sonrisa, no lo sé, no lo sé y lo deseo tanto, deseo que te gires a mí y me sonrías... quizás eso me haría definitivamente más fuerte. Mírame, sólo una vez, quédate y escucha todo lo que he de contarte, todo lo que he callado en estos años, en esta vida, porque ha sido demasiado, demasiado lo que he callado, demasiado lo que he llorado. Dejo a este corazón de estas manos protectoras y lo dejo a tu amparo, aunque se lastime, quiero que te lo quedes y no me lo regreses, por más que te lo pida, por más que grite, quédate mi corazón entre tus manos. Incluso si duele... me gusta, me gusta.
No necesitas llorar... tarde o temprano, estaré contigo, así que... sólo un poco más, soporta esta soledad sólo un poco más, hazlo por los dos, por recuperar las sonrisas que nos hemos olvidado en nuestro afán de querernos...
Replay
Her version
Detrás, delante, a los lados, al cielo, la ciudad y sus cegadoras luces. A los pies, el asfalto que tanto ha visto, que tanto ha ocultado. He recorrido muchísimas veces este ruidoso lugar y se me sigue haciendo algo ajeno, nada que ver conmigo. En verano lo he recorrido bajo un cielo despejado que las luces no me dejaban ver, en invierno lo he recorrido entre charcos y gente apresurada por buscar resguardo de la fría lluvia. Y aún así, yo no pertenezco acá. Ni acá ni a ningún sitio.Allá, una pareja hace una promesa que ninguno va a cumplir, por ahí un mendigo pide limosna mientras muerde un pan duro, más allá una mujer será asaltada por algún delincuente desesperado por un poco de droga. Las luces me marean y me confunden, me rechazan cada vez con más fuerza y yo sólo quiero huír de su falso fulgor, ¿es tanto pedir un escape?
Ayer mismo, ayer mismo bajo una farola le prometí algo a alguien, no recuerdo qué prometí ni quién escuchó esa promesa, pero sé que desde hace mucho estoy perdida en una ciudad que nunca escuchará los gritos desesperados de sus "hijos", porque, al fin de cuentas, todos quienes transitan por sus calles son sus hijos bastardos, irreconocidos, la ciudad es una mala madre, ¿lo sabías? Pues ahora ya lo sabes.
Y cuando íbamos por la noche, por las calles silenciadas durante un par de horas de merecido sueño, en las cual toda clase de criaturas que... digamos, dan miedo, afloraban. Tú reías diciendo lo bonito que se me vería un vestido rojo de brillantes como el de aquellas putas que se dedicaban a parar los autos que pasaban y yo, molesta te respondía que un vestido rosa como el de áquel travesti te quedaría muy bien, fingíamos una pelea para luego entregarnos más que lo acostumbrado, como dos niños, como dos almas inocentes, pese a esa noche colmada de silencios, pese a la complicidad de nuestros actos ¿recuerdas?
Pese a que no hubo un adiós concreto... pese a que nunca te dije "gracias por todo, ya nos podemos separar. Justo aquí", algo se distanció y el taxi de esta noche lo tomo sola, no a aquel nido seguro donde siempre íbamos, sino a un lugar perdido de este suburbio que, con dolorosa tristeza, llamo "casa".
Recuerdo ya la promesa que hice: "no voy a llorar". Recuerdo a quién se lo prometí: A ti. Mientras el taxi sigue recorriendo las calles, lentamente caen mis lágrimas que se secan al contacto con mis mejillas mientras hago de cuenta que miro las muchas luces de neón.
Sólo si quieres algo de compañía en tu soledad, si quieres tener a alguien con quién pasear bajo las luces y con quien reír por cualquier tontería, sabes dónde estoy, sabes a quién y cómo llamar... Yo de aquí, de nuestro lugar, no me moveré.
Todavía te espero, aunque el sol queme mi piel, aunque la lluvia me cale hasta los huesos. Es un mal hábito, lo sé. A veces el corazón me dice que a lo lejos lloras, que a veces ríes sin deseos... ¿Sufres esta separación? Hoy me gustaría recorrer esas calles de luces anaranjadas y blancas de tu mano... ¿Sería posible una vez más?
Quiero creer... que nuestra historia será como poner "raplay" a la canción que ahora luce detenida en mi reproductor de música. Si presionara ese replay... ¿volveríamos a ser nosotros?
His version
Extraño aquella risa espontánea e infantil que iba a mi lado en estas noches tan artificiales. Eran dos cosas tan diferentes y a veces odié esa risa, no creyendo que pudiera ser así de libre entre algo tan sistemático y lineal.No. Tú no eras de aquellas, pero sí, eras cínica. Increíblemente cínica. A veces decías "te amo" por no soltarme palabras llenas de ira que tu corazón deseaba liberar. A veces reías hasta desfallecer para olvidar llorar, pero dormida, llorabas largo rato y sé que muchas veces esas lágrimas fueron culpa mía. A veces llorabas porque desconocías la cruel ciudad, te comprendo, yo ya estoy automatizado gracias a ella, así que por eso... nunca noté que la noche perdía su brillo o que tu risa se ahogaba entre el ruido de los vehículos y las máquinas. Pese a ser un animal más de esta ciudad... te amaba, te amo.
Sólo cuando te has ido he notado la soledad que puedes sentir caminando por estas calles llenas de gente, sentir que nadie te escucha o que nadie te espera en algún sitio. Hoy sentí miedo por primera vez en mucho tiempo. Siempre me esperabas frente a la tienda de dulces, lloviera o no. Esperabas con tu sonrisa de niña, tu aire de adolescente, tu silueta adulta y tus ojos melancólicos que miraban como una anciana que mucho ha visto, amado, llorado y vivido. Cuando miraba en tus ojos sabios llenos de secretos y tristezas, de amores no contados y de un mundo irreal entre nosotros. Nunca supe decir qué eras exáctamente para mí, si acaso un ángel entre el gentío o un demonio en nuestra intimidad. No lo sé hasta hoy.
Pero si algo sé, como he vuelto a dar replay a esa vieja canción que tantas veces escuchamos juntos mientras paseábamos abrazados y esquivando a la muchedumbre, es que eras y eres mi todo, lo único que me da paz aquí, porque ahora que lo pienso... tenías razón, la ciudad es la madre más cruel que pueda existir.
¿Sería posible verte una vez más, si vuelvo a poner replay a esta canción? ¿Será posible...?
Another
Aquel día estaba mucho más frío que lo que había experimentado, luego de la lluvia se vino una onda polar y la gente trataba de irse lo más pronto a sus hogares. Caminó por la calle que tantas veces recorrió en su compañía, mirando todo: Caras, gestos, señales. Sus ojos llegaron hasta la dulcería y recorrieron hasta la parada del bus. Allí la encontró, desaliñda y desacorde al paisaje, como siempre. Su mano izquierda sujetaba un paraguas transparente de plástico blanco y su mano derecha estaba dentro del bolsillo de ese abrigo que más que una chica, la hacía parecer una vagabunda cualquiera. Suspiró, echó a reír y le hizo una seña con la mano, la cual ella respondió y avanzó unos pasos hasta él. Se abrazaron en silencio.Y mientras, el reproductor marca "replay" a esa canción que sonará y sonará...
I'm pretending that i'm fine...
Y una más, otra píldora más por mi garganta. Basta, con dos debería recuperar la cordura y otras diez me llevarían de la euforia al letargo. En cosa de días me he perdido, me he roto, me he desmoronado. Prometí a mí misma que nunca más lloraría por alguien. Y aquí estoy, no llorando, al menos por fuera... que es lo que es interno... estoy gritando, chillando, arañando las paredes, volviéndome loca con cada segundo que pasa. Un número telefónico se ve en la pantalla y yo dudo "¿Borrar o no borrar?" y los nervios me consumen, me recorre un escalofrío y quiero gritar con todas mis fuerzas. Pero me contengo, respiro lento y pongo la máscara sonriente. Así es mejor...
E iré de brazos en brazos, de boca en boca, amando sin amar, encaprichándome como una niña con un nuevo juguete, pasada la novedad, me iré con alguien más y así, llenando espacios que alguien dejó, llenando vacíos de cosas que regalé y no pueden ser devueltas. Ella viene y me abraza, lloro en sus brazos. Eso es verdad, esas lágrimas son verdaderas. Supongo que... si bien no es amor, puedo confiarle un pedazo de esta alma atormentada, un lugar seguro donde llorar cuando más me sienta sola. Nada más, nada más.
Pasada este acto de infantilismo iré fuera, con los ojos secos de llorar, con la garganta apretada de todo lo que quiero gritar a viva voz. Me contengo, me reprimo... No soy yo. Alguien está usurpando mi cuerpo y va por lugares que he de evitar. Memorias, memorias llegan y punzan, atraviesan el cuerpo como dagas. Quiero gritar hasta desgarrarme la garganta. Nada. Sonrío. Estoy bien. Estoy pretendiendo que estoy bien. Una maldita cínica...
Verte es sufrir, no verte es que me rompan más el corazón. ¿Entonces? No volverás. Puede que grite hasta quedarme sin pulmones, puede que llore hasta llenar un océano, que me coma mis uñas hasta no dejar nada, que me arranque el pelo hasta quedar calva. ¡No! Debes irte de mis recuerdos, pero me niego rotundamente a sacarte. Por tu bien he de dejarte libre, por mi felicidad deberías de quedarte o de irte... ¡No lo sé! Nunca estuve tan perdida, nunca estuve tan rota
E iré de brazos en brazos, de boca en boca, amando sin amar, encaprichándome como una niña con un nuevo juguete, pasada la novedad, me iré con alguien más y así, llenando espacios que alguien dejó, llenando vacíos de cosas que regalé y no pueden ser devueltas. Ella viene y me abraza, lloro en sus brazos. Eso es verdad, esas lágrimas son verdaderas. Supongo que... si bien no es amor, puedo confiarle un pedazo de esta alma atormentada, un lugar seguro donde llorar cuando más me sienta sola. Nada más, nada más.
Pasada este acto de infantilismo iré fuera, con los ojos secos de llorar, con la garganta apretada de todo lo que quiero gritar a viva voz. Me contengo, me reprimo... No soy yo. Alguien está usurpando mi cuerpo y va por lugares que he de evitar. Memorias, memorias llegan y punzan, atraviesan el cuerpo como dagas. Quiero gritar hasta desgarrarme la garganta. Nada. Sonrío. Estoy bien. Estoy pretendiendo que estoy bien. Una maldita cínica...
Verte es sufrir, no verte es que me rompan más el corazón. ¿Entonces? No volverás. Puede que grite hasta quedarme sin pulmones, puede que llore hasta llenar un océano, que me coma mis uñas hasta no dejar nada, que me arranque el pelo hasta quedar calva. ¡No! Debes irte de mis recuerdos, pero me niego rotundamente a sacarte. Por tu bien he de dejarte libre, por mi felicidad deberías de quedarte o de irte... ¡No lo sé! Nunca estuve tan perdida, nunca estuve tan rota
Tan entera por fuera, tan sonriente en esta cara. Nada más que de los dientes hacia fuera, porque mi interior, porque mi cabeza, mi mente, mi todo es un nido que no tiene cabo ni rabo.
Pretendo estar bien mientras mi corazón continúa chillando...
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| Are you? Are you? Please... come back... |
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Raaaaaandum
Ni por todas las tundas del mundo
No le cupo en la cabeza hallarla como la halló. Siempre había sentido cierto temor o respeto contra esa trigueña altanera y explosiva, ahora la veía sentada sobre un catre, llena de heridas, con las piernas fracturadas y llorando con el rostro entre sus manos lastimadas. Supo reconocer que no era por el inmenso dolor de su maltratado cuerpo, era algo más... fuerte. Aún traía algo de sangre entre sus cabellos castaños, pero ese llanto... ella no estaba preocupada de sí misma, sino de su gente, a cada rato recibía reportes de que la cosa se iba poniendo color de hormiga, sabía perfectamente en qué estaba su amado terruño.
Nunca la había visto así antes, ni aún cuando era una niña, siempre la veía como la chiquilla rebelde y contestadora, prácticamente llegando a ser insolente y grosera. Pero ahora otra Francisca le era revelada, una más... frágil.
- ¿Pero por qué? - Pataleaba ella - ¡Déjenme ir a verlos! ¡Necesito saber cómo están! - Chilló a un grupo pequeño, que al parecer, eran sus subordinados.
- ¡No puedes! - Le recriminó una mujer adulta. - Tómale el peso, Fran... Mírate como estás, así es imposible que vayas.
- Iré aunque sea a rastras... - Murmuró antes de dejar caer pesadamente su cabeza sobre la almohada, extenuada.
Acto seguido, el grupo de personas se fue de la salita y quedaron sólo él, el rubio pedante con el cual ella se la pasaba discutiendo y él, quien temeroso dudaba si acercarse a la joven o no. Tal vez lo insultaría si le ofrecía ayuda alguna. Quizás no le respondería nada. Vaya con ella, siempre fue igual de terca y orgullosa, pero era una situación demasiado delicada, quizás la chica ahora quisiera ceder a ser ayudada.
- Che Pancha... - Le habló el rubio a ella. - Eh... lo siento... es que... ¿Sabés? Quiero ayudarte y no voy a aceptarte un no por respuesta esta vez.
- Métete tu ayuda en el culo, Martín. - le respondió ella, tajante.
- ¡No seas boluda, Pancha! Mirate como estás... ¿Vos pensás que ésta vez te vengo a joder? No seas pelotuda, te vengo a ayudar.
- ¡No! - Sollozó ella - Sé que puedo yo sola, yo sé... - Luego intentó pararse, pero las varillas en sus pies le recordaron su delicado estado.
Las dos naciones presentes en la sala se apuraron a acostarla de nuevo, pero ella forcejeó otro tanto, hasta darse por vencida y largarse a llorar allí mismo, ante los dos que le miraban sorprendidos.
- Por favor... Francisca... ¿Podés hacer reposo? - El moreno le habló cuidadosamente, estudiando su reacción.
- No quiero... - Volvió a sollozar, terca como siempre
Tanto el argentino como el salvadoreño intercambiaron una mirada silenciosa, comprendiendo que de alguna u otra manera, ella iba a realizar el ferviente deseo de ver a los suyos, cómo habían quedado. Ella les miró seriamente, como esperando que la ayudasen, pero ambos negaron con la cabeza mientras trataban de tranquilizarla.
- Gracias... - Soltó ella con amargo sarcasmo. - De verdad... se pasaron.
- Con vos no hay manera, pelotuda. - El rubio refunfuñó y salió de la sala.
En cambio el moreno se quedó, mordiéndose el labio nervioso y sin saber qué decirle. Los ojos grisáceos de la muchacha prácticamente le atravesaban, haciendo un montón de silenciosas preguntas que él comprendió perfectamente. Llegó a empatizar con ella, llegó a sentir la angustia de la chilena como propia, pero prefirió voltearse para no tener que soportar más tantas preguntas que le hacían esos ojos llenos de lágrimas tras esas empolvadas pestañas.
- Quiero ayudarte. - Dijo secamente él, sin mirarla.
- Humberto, te digo exáctamente lo mismo que le dije al otro imbécil. - Habló obstinadamente.
- Por favor... - Habló casi rogándole
- No. Ni aunque me dieran todas las tundas del mundo voy a ceder. - Chilló.
- ¿Y si te llevo a la zona de desastre? - Negoció.
Dió en el blanco, por dónde podría ir negociando. Durante más de quince minutos se hizo un silencio casi sepulcral en la sala, ella pensaba quietamente la propuesta del centroamericano, allí tenía la oportunidad perfecta, pero debía de preparar su mente para ver lo siguiente, sabía bien que lo que viera la podría dejar peor emocionalmente, pero era mejor corroborar con sus propios ojos.
- Está bien. - Lanzó serenamente ella. O al menos así lo hizo parecer.
- Bien, nos vamos en un rato. Daré aviso, pero... Aceptás la ayuda externa, ¿va?
- Claro. - Dijo más bien agotada.
Dicho y hecho, en dos horas estuvieron en la desolada ciudad de Talca. Aquel paisaje produjo un sentimiento de incomodidad en ambos, pero más en ella, al ver su querida tierra así. Ella reprimió un sentimiento nauseabundo en su garganta y él sólo se lmitó a aclarse la garganta. Respirar era algo pesado, más con todo el polvo en el aire. Siguieron recorriendo, al comienzo él empujaba una silla de ruedas, pero luego, por culpa de tanto escombro, se hacía difícil transitar, así que, para no romper su parte del trato subió a su "hermana" sobre su espalda y siguieron recorriendo la zona, ver a tantos ciudadanos sufriendo le arrancaba el corazón a pedazos a ella. Humberto supo que ella lloraba al sentir que el brazo de ella se ceñía con algo de brusquedad sobre sus hombros y cuando las tibias lágrimas de ella rozaron su cabeza. Decidió dar la media vuelta y regresar a un punto más seguro, justo en un momento de réplica. Ella dejó escapar un gemido ahogado de dolor.
Ese mismo día la llevó de regreso a la capital, en el camino no se dijo palabra alguna, pero no pudo quitar la vista de esos ojos grises, llenos de lágrimas, de esa mano lastimada que amasaba nerviosamente una de las puntas de la bata. De cuando en cuando ella misma se limpiaba las lágrimas que se rodaban por sus mejillas, a veces se escuchaba algún sollozo, pero ella no iba a admitir que estaba llorando. Él suspiró y se limitó a tomarle la mano y a acariciársela, tratando de confortar a esa, ahora, niñita asustada. Ante el gesto ella rompió en amargo llanto, desconsolada, aterrada.
- No sé qué mierda hacer... - Se mordió los rabios, llena de ira
- Lo de siempre, levantarte otra vez... porque a ti ni por todas las tundas del mundo te hacen bajar la cabeza, ¿verdad?
Nunca la había visto así antes, ni aún cuando era una niña, siempre la veía como la chiquilla rebelde y contestadora, prácticamente llegando a ser insolente y grosera. Pero ahora otra Francisca le era revelada, una más... frágil.
- ¿Pero por qué? - Pataleaba ella - ¡Déjenme ir a verlos! ¡Necesito saber cómo están! - Chilló a un grupo pequeño, que al parecer, eran sus subordinados.
- ¡No puedes! - Le recriminó una mujer adulta. - Tómale el peso, Fran... Mírate como estás, así es imposible que vayas.
- Iré aunque sea a rastras... - Murmuró antes de dejar caer pesadamente su cabeza sobre la almohada, extenuada.
Acto seguido, el grupo de personas se fue de la salita y quedaron sólo él, el rubio pedante con el cual ella se la pasaba discutiendo y él, quien temeroso dudaba si acercarse a la joven o no. Tal vez lo insultaría si le ofrecía ayuda alguna. Quizás no le respondería nada. Vaya con ella, siempre fue igual de terca y orgullosa, pero era una situación demasiado delicada, quizás la chica ahora quisiera ceder a ser ayudada.
- Che Pancha... - Le habló el rubio a ella. - Eh... lo siento... es que... ¿Sabés? Quiero ayudarte y no voy a aceptarte un no por respuesta esta vez.
- Métete tu ayuda en el culo, Martín. - le respondió ella, tajante.
- ¡No seas boluda, Pancha! Mirate como estás... ¿Vos pensás que ésta vez te vengo a joder? No seas pelotuda, te vengo a ayudar.
- ¡No! - Sollozó ella - Sé que puedo yo sola, yo sé... - Luego intentó pararse, pero las varillas en sus pies le recordaron su delicado estado.
Las dos naciones presentes en la sala se apuraron a acostarla de nuevo, pero ella forcejeó otro tanto, hasta darse por vencida y largarse a llorar allí mismo, ante los dos que le miraban sorprendidos.
- Por favor... Francisca... ¿Podés hacer reposo? - El moreno le habló cuidadosamente, estudiando su reacción.
- No quiero... - Volvió a sollozar, terca como siempre
Tanto el argentino como el salvadoreño intercambiaron una mirada silenciosa, comprendiendo que de alguna u otra manera, ella iba a realizar el ferviente deseo de ver a los suyos, cómo habían quedado. Ella les miró seriamente, como esperando que la ayudasen, pero ambos negaron con la cabeza mientras trataban de tranquilizarla.
- Gracias... - Soltó ella con amargo sarcasmo. - De verdad... se pasaron.
- Con vos no hay manera, pelotuda. - El rubio refunfuñó y salió de la sala.
En cambio el moreno se quedó, mordiéndose el labio nervioso y sin saber qué decirle. Los ojos grisáceos de la muchacha prácticamente le atravesaban, haciendo un montón de silenciosas preguntas que él comprendió perfectamente. Llegó a empatizar con ella, llegó a sentir la angustia de la chilena como propia, pero prefirió voltearse para no tener que soportar más tantas preguntas que le hacían esos ojos llenos de lágrimas tras esas empolvadas pestañas.
- Quiero ayudarte. - Dijo secamente él, sin mirarla.
- Humberto, te digo exáctamente lo mismo que le dije al otro imbécil. - Habló obstinadamente.
- Por favor... - Habló casi rogándole
- No. Ni aunque me dieran todas las tundas del mundo voy a ceder. - Chilló.
- ¿Y si te llevo a la zona de desastre? - Negoció.
Dió en el blanco, por dónde podría ir negociando. Durante más de quince minutos se hizo un silencio casi sepulcral en la sala, ella pensaba quietamente la propuesta del centroamericano, allí tenía la oportunidad perfecta, pero debía de preparar su mente para ver lo siguiente, sabía bien que lo que viera la podría dejar peor emocionalmente, pero era mejor corroborar con sus propios ojos.
- Está bien. - Lanzó serenamente ella. O al menos así lo hizo parecer.
- Bien, nos vamos en un rato. Daré aviso, pero... Aceptás la ayuda externa, ¿va?
- Claro. - Dijo más bien agotada.
Dicho y hecho, en dos horas estuvieron en la desolada ciudad de Talca. Aquel paisaje produjo un sentimiento de incomodidad en ambos, pero más en ella, al ver su querida tierra así. Ella reprimió un sentimiento nauseabundo en su garganta y él sólo se lmitó a aclarse la garganta. Respirar era algo pesado, más con todo el polvo en el aire. Siguieron recorriendo, al comienzo él empujaba una silla de ruedas, pero luego, por culpa de tanto escombro, se hacía difícil transitar, así que, para no romper su parte del trato subió a su "hermana" sobre su espalda y siguieron recorriendo la zona, ver a tantos ciudadanos sufriendo le arrancaba el corazón a pedazos a ella. Humberto supo que ella lloraba al sentir que el brazo de ella se ceñía con algo de brusquedad sobre sus hombros y cuando las tibias lágrimas de ella rozaron su cabeza. Decidió dar la media vuelta y regresar a un punto más seguro, justo en un momento de réplica. Ella dejó escapar un gemido ahogado de dolor.
Ese mismo día la llevó de regreso a la capital, en el camino no se dijo palabra alguna, pero no pudo quitar la vista de esos ojos grises, llenos de lágrimas, de esa mano lastimada que amasaba nerviosamente una de las puntas de la bata. De cuando en cuando ella misma se limpiaba las lágrimas que se rodaban por sus mejillas, a veces se escuchaba algún sollozo, pero ella no iba a admitir que estaba llorando. Él suspiró y se limitó a tomarle la mano y a acariciársela, tratando de confortar a esa, ahora, niñita asustada. Ante el gesto ella rompió en amargo llanto, desconsolada, aterrada.
- No sé qué mierda hacer... - Se mordió los rabios, llena de ira
- Lo de siempre, levantarte otra vez... porque a ti ni por todas las tundas del mundo te hacen bajar la cabeza, ¿verdad?
Sus resecos labios esbozaron una débil sonrisa.
- Gracias. - Murmuró.
Pffff...
Ok, fui tan paciente como pude. Traté de ser tan imparcial como me fue posible. No más, joder, NO MÁS. Me da una tristeza enorme que por algo que ni al caso nuestra hermandad se esté yendo al recarajo. Se supone que éramos amigas, se supone éramos como hermanas todas, una FAMILIA, que nos íbamos a apoyar en buenas, malas y peores... Y por algo tan mínimo... me parece increíble que por algo tan mínimo se rompa esa amistad tan bonita que todas tenemos. Ustedes, todas y cada una SON mis hermanas, personas a las que aprecio DEMASIADO. No a todas las trato de la misma forma y a veces me sacan de quicio, pero ante todo LA UNIÓN, niñas, las amo con sinceridad, odio ver al grupo en esta situación, es realmente... Triste.
-Va a llorar al rincón-
No hay poesía, sólo un desahogo acá... y una vez más recalco lo mucho que detesto perder a las personas...
No quiero perderlas a ustedes, que son casi mi familia...
-Va a llorar al rincón-
No hay poesía, sólo un desahogo acá... y una vez más recalco lo mucho que detesto perder a las personas...
No quiero perderlas a ustedes, que son casi mi familia...
Sep 19, 2010
Fic Hetaliano (?)
Asdf, haré c/p (?)
Asuntos a puertas cerradas
Ahora las cosas eran diferentes, la pequeña rubia ya no dependía de él y ya no era pequeña, sino que una fuerte y consolidada nación, pero a sus ojos siempre tendría el atisbo de la niña que cuidó durante tantos años con tanto afán. Nunca olvidaría el verla peleando con su hermano mayor o correteando al otro pequeño cada vez que se le insinuaba. Pero Bélgica ya había crecido, ya era una mujer hecha y derecha. Era independiente y tuvo que dejarla ir, muy a su pesar. Le guardaba mucho, demasiado cariño, pero él mismo se cuestionaba si acaso ello no iba más allá de un cariño meramente paternal.
– Gracias por todo, Antonio, pero creo que es hora ya de que me valga por mí misma…– Le dijo la joven como despedida – Ya mi hermano ha dado el paso y ahora me corresponde a mí, ¿o no?
– Claro, estás en todo tu derecho, Louise… Estás en todo tu derecho. – Suspiró el moreno mientras le ofrecía un tomate.
– Gracias. – La chica aceptó el gesto, tomó su valija con su ligero equipaje y se fue, tras besarle en la mejilla. – Gracias, "padre".
– Cu…cuando quieras…– Murmuró él, cabizbajo. No podía creer que esa niña a la cual había educado con tanto esmero al fin luego de largos pataleos, se iba de su techo a construir el suyo propio. –Vuelve cuando quieras, pequeña Loui…– Susurró sin que ella alcanzara ya a oírle, notablemente entristecido.
Aunque él no la vio, secaba constantemente lágrimas que caían por sus blancas mejillas mientras se alejaba. En el fondo le dolía dejarle, pero si había luchado tanto por ser libre, no iba a dejar de lado aquello por lo que tanto luchó, lo que tanto soñó… ¿El sentimiento de libertad dejaba, acaso, ese gusto tan… agridulce? Suspiró pesadamente mientras se instalaba en su nueva casa, luego de unas horas de viaje. Aquella casa se le hizo tétrica y solitaria, pero le consoló que al menos estaría con su hermano mayor.
Pero, definitivamente, no era lo mismo. No iba a comparar a dos personas tan diferentes entre sí, así que aquello no significaba consuelo alguno a la gran soledad que sentía en su interior. Aquella noche lloró, largo y tendido, hasta agotarse y dormirse. Quizás al otro día vería las cosas diferentes, más claras y de forma más realista. Y no, al despertar sentía el mismo vacío, un vacío que no se explicaba con nada. Anduvo decaída toda esa mañana y durante muchos días venideros, su hermano conocía la causa y constantemente le proponía ir, a lo que ella sólo se negaba rotundamente.
Así pasaron varios años, ella se consolidó como una fuerte nación, a pesar de ser de pequeño territorio. Era sede de la UE, el mundo la conocía y la respetaba, pero ni todo el respeto del mundo podía comprar su felicidad. A veces por cosas meramente burocráticas veía al español, pero raras veces cruzaban una palabra más allá de la cortesía. Pero no más.
¿Por qué ahora todo era tan diferente? ¿Por qué ella y Antonio pasaban uno por el lado del otro como si fueran simples conocidos? Deseaba que él la abrazara, le acariciara la cabeza y le dijera que estuviera tranquila, que todo estaba bien. Pero ella quería más que un simple abrazo, deseaba ardientemente algo más que un abrazo suave, quería un abrazo tal que le hiciera polvo los huevos, que el moreno la amara con locura, entregarse todas las veces que fuesen necesarias. Pero ello no era más que eso, un simple deseo, un anhelo que nunca se iba a cumplir.
O eso creyó ella hasta una de las reuniones. Estaban todos como siempre en su casa y ella de anfitriona, sirviendo a sus invitados de forma tan hospitalaria como siempre, con la misma sonrisa permanente, ayudada de cerca por su descarriado hermano, quien conocía lo que su hermana sentía, pero siempre solía ignorar esos suspiros que eran enviados al aire pensando en su antiguo jefe, no le agradaba demasiado la idea, pero… después de todo era la felicidad de su hermana, su querida hermana pequeña… Y por esta vez, él estaba dispuesto a hacer algo porque esos dos lograran hablar.
Ella preparaba una nueva tanda de cócteles para servir a sus invitados cuando Nickolas decidió llevar a la cocina a Antonio, mientras Louise servía los últimos vasos y se disponía a ir de nuevo al salón, en el momento preciso el holandés desapareció de la escena y dejó a la belga y al español a solas, en quienes durante más de tres minutos se produjo un incómodo silencio, el cual él rompió finalmente.
– Luces hermosa, Loui. – Murmuró el español, sonriendo levemente
– An…Antonio… – Los nervios la tomaron por completo al enfrentarse cara a cara con él, luego de tanto tiempo, tanto que sin querer dejó caer sobre las ropas de él la bandeja llena de licores. – ¡Lo-lo siento!
– Ah, Loui, descuida, descuida… – Suspiró el español, como si aquella torpeza se la esperase de ella. – Nada que no se pueda solucionar, ¿me prestas el baño, cariño?
– Te…te dejaré algunas ropas de Nick por mientras limpio las tuyas, Antonio… - Procedió a tomar un trapo humedecido y a limpiar el pantalón del moreno de forma torpe y apresurada.
– Loui… - Suspiró él. – Puede que te haya criado, pero eso no quita que seamos ahora mismo hombre y mujer y pues… ¡No me tientes así, joder!
– Ah… - Reparó en lo que hacía – Yo… lo… lo siento mucho, de verdad, ¡Lo siento! – Se apartó rápidamente aún con el trapo entre sus dedos.
– ¿Te he dicho que estás muchísimo más guapa? – Se acercó a ella provocativamente.
– N-no… No me lo has dicho, ¿de verdad lo estoy?
– Ni te imaginas cuánto, cariño, ni te lo piensas, eh. – Le besó delicadamente la mejilla.
Captó instantáneamente a qué iba ello, pero no tuvo miedo ni mucho menos, al contrario, soñó durante mucho tiempo tal encuentro, así que cuando aquellos brazos la rodearon no opuso resistencia alguna y se dejó atrapar, dejó que aquellos cálidos labios reposaran perfectamente en los suyos, que esas grandes manos recorrieran su cuerpo como quien recorre el patio de su propia casa, cuando sus mejillas ya se hubieron encendido le tironeó suavemente de la manga de la camisa, haciéndole un gesto de que mejor continuasen en la habitación de ella, a lo que él sólo asintió y dejó que ella le guiara. Ambos estaban ansiosos, demasiado ansiosos, impacientes por aquel encuentro. Estuvieron ya juntos en la habitación de la joven e inmediatamente, impaciente, él quitó el blazer de ella, en un ágil movimiento, acto seguido desabotonó lentamente su blusa mientras sus manos recorrían aún sobre la ropa los redondeados y formados senos de ella, intensificó las caricias en el momento que ella comenzaba a dar leves gemidos de placer. De pronto se vio casi desnuda frente a él y sólo atinó a cubrirse, apenada ante la situación, a lo que él tomó dulcemente su rostro y acarició sus mejillas, se acercó y la besó largamente.
– No comprendo cómo una chica tan mona se avergüenza así de sí misma… Anda, Loui, estás hermosa, nunca estuviste tan hermosa como ahora, hm… - Se acercó una vez más, tomándola por la cintura y besándole lentamente en el cuello
– N-no, Antonio, no… no soy lo suficientemente hermosa para estar así contigo, seguramente has conocido a mejores que yo. – Escondió el rostro entre sus dorados cabellos, agarrándole nerviosa de los brazos.
– Tal vez… pero yo sólo quiero estar con mi Louise… Ah, mi querida Louise… ¿entiendes, querida? Te quiero a ti, no porque seas más o menos guapa. A mis ojos, a mis ojos… Loui… eres la mujer más hermosa del maldito universo, tan bella que no puedo soportar tu belleza, ¿entiendes? – Susurraba mientras besaba ese blanco cuello con verdadera devoción, como quién toca a un santo, como quién entra a un templo.
Tantos años anhelaron aquel desnudo contacto, tanto tiempo desearon conocer la piel del otro, tanto que se querían, se deseaban con rabia casi animal y al fin, gracias a un descuido, ambos estaban ya allí, amándose, él recorría por primera vez aquél cuerpo, que pese a no ser virgen, le era fascinantemente nuevo, aquella cintura breve, aquella piel blanca y suave, aquellos ojos profundamente verdes, aquellos cabellos sedosos y dorados, toda ella le resultaba sencillamente un deleite, exquisita, exótica. Creía estarse en el cielo a medida que sus manos recorrían cada centímetro de esa piel, a medida que capturaba su suavidad para encerrarla perpetuamente en su memoria, también le divertía en parte la expresión que la muchacha iba poniendo a medida que cada caricia se volvía más y más íntima, a medida que lenta y juguetonamente los dedos del moreno entraban en su entrepierna, mientras su lengua saboreaba con detalle aquellos senos firmes.
– Oh, Antonio, es-esto es… ¡vergonzoso! – La joven se cubría la boca para que sus gemidos no fueran más sonoros de lo que ya eran
– Anda, Loui… te mojas con mucha facilidad ~ – Le canturreó el español, casi en tono burlón
– ¡Awwwn! ¡Maldición, deja de decir cosas tan perturbadoras! – Lloriqueó ella, más excitada que molesta ante los comentarios.
– Loui, ni te imaginas lo mona que te ves así, sonrojada y sudorosa, eres… preciosa, sencillamente adorable y preciosa. – Comentaba él mientras besaba su vientre e iba bajando cada vez más.
– ¡¿Q-qué estás haciendo, Anton…? – Alcanzó apenas a exclamar, pues ya sentía la lengua de él en su entrepierna, lo cual le quitó todas las palabras de la boca y de la mente.
– Tú sólo disfruta, Loui, sólo déjate llevar. – Tomó la única pausa para luego seguir lamiendo cada vez más profundo, mientras con sus manos acariciaba sus torneados muslos una y otra vez.
El único sonido que se oía en la alcoba era el ruido de las sábanas removiéndose constantemente más los sonoros gemidos de la belga, que en su pleno éxtasis sólo atinaba a asirse de las cobijas mientras el español continuaba lamiendo ahora de forma más ruda. De pronto ella misma, con mucho esfuerzo físico y mental, se puso de rodillas y se puso justo en frente de él, mirándolo de forma algo infantil y caprichosa, él la miró con expresión divertida hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, ella se abalanzó sobre él y le desabrochó el pantalón y se disponía a bajarle el bóxer.
– Uh, mírate cómo estás… – Hubo dicho apenas el miembro del mayor apareció ante sus ojos. – ¿Y si te hago una mamada?
Aquella pregunta y por poco casi le causó un infarto, no se esperaba que ella le hiciera una pregunta así de directa, menos aún en esa situación, pero antes de poder responderle siquiera nada, ella ya estaba afanada succionando y lamiendo de forma enérgica y constante, a un buen ritmo. Al ver esto, por un segundo en su cabeza surgió la indecente pregunta de si acaso ella había hecho eso a algún otro antes, pero cuando sintió que las lamidas y succiones eran más intensas no pudo mantener sus ideas claras durante varios minutos, sólo podía mirar por lo que su vista le permitía esa cabecita rubia que se movía afanada en la zona de su cadera. De pronto aquella incesante lengua se detuvo y la rubia hubo apoyado sus manos sobre sus hombros. Entendió de inmediato qué pedía ella y, gentilmente la tomó por la cintura y la tumbó de espaldas sobre la cama, mientras lentamente se acomodaba entre sus piernas. Le dedicó una dulce mirada mientras le acariciaba el rostro gentilmente, ella le sonrío nerviosa, como indicándole que ya era el momento propicio.
Comenzó despacio por no herirla, ofreció tomarle la mano y a medida que introducía su miembro la iba besando gentilmente en los labios, en el cuello, en la frente, en el pecho, ella sólo gemía levemente, algo incómoda, como era de esperarse pese a no ser primeriza. Acorde le preguntaba iba aumentando de a poco el ritmo, le ayudaba a no dejar caer los pies para facilitarse algo más el trabajo. Fue aumentando más y más la velocidad con la cual la penetraba, hasta que llegó a tomarla de los muslos, sentarse y que la cadera de ella fuera la que hiciera el resto del trabajo mientras él devoraba a besos sus pechos y sus labios.
– Lo…loui… Yo te… te… amo, te amo… – Murmuraba Antonio febrilmente mientras no dejaba lugar a que la joven respirase.
– N-no te creas que no es mutuo, Antonio… ¡Te adoro, te adoro como no tienes idea alguna, maldición! – Y mientras lanzaba su alocada declaración se lo comía a besos mientras se abrazaba fuertemente a él, sin querer pasando a arañarle la espalda, pero algo de lo cual ninguno de los se percató siquiera. – An…Antonio, c-creo que m-me… c-corro, ¡Oh Dios! – Hubo exclamado estando justo en pleno orgasmo, abrazándose aún más fuerte a él.
Él también en el preciso momento del clímax la hubo abrazado fuerte, tan fuerte hasta casi hacerle crujir los huesos y entre ambos sintieron los cálidos fluidos del otro en su cuerpo, acto seguido ambos cayeron rendidos uno al lado del otro, respirando agitadamente y sonriendo cuán quinceañeros hacían el amor por primera vez en sus vidas, tomados de la mano y transmitiendo toda clase de cálidos y hermosos sentimientos a través de sus miradas. Luego se besaron y Antonio se limitó a cubrir los cuerpos desnudos de ambos con una sábana mientras la mantenía muy cerca de su pecho, acariciándole la cabeza con una de sus manos mientras que su otro brazo simplemente se limitaba a rodearla y a acariciar perezosamente su espalda. Luego, sin cruzar más palabras ambos se quedaron dormidos hasta la mañana siguiente. Nickolas los despertó repentinamente, riendo a carcajadas y pidiendo una recompensa por haber limpiado la ropa de Antonio y por haberlos cubierto "mientras ustedes follaban felices de la vida". Ambos se avergonzaron, pero se tomaron la situación con humor.
Y desde ese día Louise y Antonio se reúnen con cierta frecuencia a tratar "asuntos a puertas cerradas", creyendo el mundo un mero trato comercial, sabiendo ellos un trato del corazón.
– Gracias por todo, Antonio, pero creo que es hora ya de que me valga por mí misma…– Le dijo la joven como despedida – Ya mi hermano ha dado el paso y ahora me corresponde a mí, ¿o no?
– Claro, estás en todo tu derecho, Louise… Estás en todo tu derecho. – Suspiró el moreno mientras le ofrecía un tomate.
– Gracias. – La chica aceptó el gesto, tomó su valija con su ligero equipaje y se fue, tras besarle en la mejilla. – Gracias, "padre".
– Cu…cuando quieras…– Murmuró él, cabizbajo. No podía creer que esa niña a la cual había educado con tanto esmero al fin luego de largos pataleos, se iba de su techo a construir el suyo propio. –Vuelve cuando quieras, pequeña Loui…– Susurró sin que ella alcanzara ya a oírle, notablemente entristecido.
Aunque él no la vio, secaba constantemente lágrimas que caían por sus blancas mejillas mientras se alejaba. En el fondo le dolía dejarle, pero si había luchado tanto por ser libre, no iba a dejar de lado aquello por lo que tanto luchó, lo que tanto soñó… ¿El sentimiento de libertad dejaba, acaso, ese gusto tan… agridulce? Suspiró pesadamente mientras se instalaba en su nueva casa, luego de unas horas de viaje. Aquella casa se le hizo tétrica y solitaria, pero le consoló que al menos estaría con su hermano mayor.
Pero, definitivamente, no era lo mismo. No iba a comparar a dos personas tan diferentes entre sí, así que aquello no significaba consuelo alguno a la gran soledad que sentía en su interior. Aquella noche lloró, largo y tendido, hasta agotarse y dormirse. Quizás al otro día vería las cosas diferentes, más claras y de forma más realista. Y no, al despertar sentía el mismo vacío, un vacío que no se explicaba con nada. Anduvo decaída toda esa mañana y durante muchos días venideros, su hermano conocía la causa y constantemente le proponía ir, a lo que ella sólo se negaba rotundamente.
Así pasaron varios años, ella se consolidó como una fuerte nación, a pesar de ser de pequeño territorio. Era sede de la UE, el mundo la conocía y la respetaba, pero ni todo el respeto del mundo podía comprar su felicidad. A veces por cosas meramente burocráticas veía al español, pero raras veces cruzaban una palabra más allá de la cortesía. Pero no más.
¿Por qué ahora todo era tan diferente? ¿Por qué ella y Antonio pasaban uno por el lado del otro como si fueran simples conocidos? Deseaba que él la abrazara, le acariciara la cabeza y le dijera que estuviera tranquila, que todo estaba bien. Pero ella quería más que un simple abrazo, deseaba ardientemente algo más que un abrazo suave, quería un abrazo tal que le hiciera polvo los huevos, que el moreno la amara con locura, entregarse todas las veces que fuesen necesarias. Pero ello no era más que eso, un simple deseo, un anhelo que nunca se iba a cumplir.
O eso creyó ella hasta una de las reuniones. Estaban todos como siempre en su casa y ella de anfitriona, sirviendo a sus invitados de forma tan hospitalaria como siempre, con la misma sonrisa permanente, ayudada de cerca por su descarriado hermano, quien conocía lo que su hermana sentía, pero siempre solía ignorar esos suspiros que eran enviados al aire pensando en su antiguo jefe, no le agradaba demasiado la idea, pero… después de todo era la felicidad de su hermana, su querida hermana pequeña… Y por esta vez, él estaba dispuesto a hacer algo porque esos dos lograran hablar.
Ella preparaba una nueva tanda de cócteles para servir a sus invitados cuando Nickolas decidió llevar a la cocina a Antonio, mientras Louise servía los últimos vasos y se disponía a ir de nuevo al salón, en el momento preciso el holandés desapareció de la escena y dejó a la belga y al español a solas, en quienes durante más de tres minutos se produjo un incómodo silencio, el cual él rompió finalmente.
– Luces hermosa, Loui. – Murmuró el español, sonriendo levemente
– An…Antonio… – Los nervios la tomaron por completo al enfrentarse cara a cara con él, luego de tanto tiempo, tanto que sin querer dejó caer sobre las ropas de él la bandeja llena de licores. – ¡Lo-lo siento!
– Ah, Loui, descuida, descuida… – Suspiró el español, como si aquella torpeza se la esperase de ella. – Nada que no se pueda solucionar, ¿me prestas el baño, cariño?
– Te…te dejaré algunas ropas de Nick por mientras limpio las tuyas, Antonio… - Procedió a tomar un trapo humedecido y a limpiar el pantalón del moreno de forma torpe y apresurada.
– Loui… - Suspiró él. – Puede que te haya criado, pero eso no quita que seamos ahora mismo hombre y mujer y pues… ¡No me tientes así, joder!
– Ah… - Reparó en lo que hacía – Yo… lo… lo siento mucho, de verdad, ¡Lo siento! – Se apartó rápidamente aún con el trapo entre sus dedos.
– ¿Te he dicho que estás muchísimo más guapa? – Se acercó a ella provocativamente.
– N-no… No me lo has dicho, ¿de verdad lo estoy?
– Ni te imaginas cuánto, cariño, ni te lo piensas, eh. – Le besó delicadamente la mejilla.
Captó instantáneamente a qué iba ello, pero no tuvo miedo ni mucho menos, al contrario, soñó durante mucho tiempo tal encuentro, así que cuando aquellos brazos la rodearon no opuso resistencia alguna y se dejó atrapar, dejó que aquellos cálidos labios reposaran perfectamente en los suyos, que esas grandes manos recorrieran su cuerpo como quien recorre el patio de su propia casa, cuando sus mejillas ya se hubieron encendido le tironeó suavemente de la manga de la camisa, haciéndole un gesto de que mejor continuasen en la habitación de ella, a lo que él sólo asintió y dejó que ella le guiara. Ambos estaban ansiosos, demasiado ansiosos, impacientes por aquel encuentro. Estuvieron ya juntos en la habitación de la joven e inmediatamente, impaciente, él quitó el blazer de ella, en un ágil movimiento, acto seguido desabotonó lentamente su blusa mientras sus manos recorrían aún sobre la ropa los redondeados y formados senos de ella, intensificó las caricias en el momento que ella comenzaba a dar leves gemidos de placer. De pronto se vio casi desnuda frente a él y sólo atinó a cubrirse, apenada ante la situación, a lo que él tomó dulcemente su rostro y acarició sus mejillas, se acercó y la besó largamente.
– No comprendo cómo una chica tan mona se avergüenza así de sí misma… Anda, Loui, estás hermosa, nunca estuviste tan hermosa como ahora, hm… - Se acercó una vez más, tomándola por la cintura y besándole lentamente en el cuello
– N-no, Antonio, no… no soy lo suficientemente hermosa para estar así contigo, seguramente has conocido a mejores que yo. – Escondió el rostro entre sus dorados cabellos, agarrándole nerviosa de los brazos.
– Tal vez… pero yo sólo quiero estar con mi Louise… Ah, mi querida Louise… ¿entiendes, querida? Te quiero a ti, no porque seas más o menos guapa. A mis ojos, a mis ojos… Loui… eres la mujer más hermosa del maldito universo, tan bella que no puedo soportar tu belleza, ¿entiendes? – Susurraba mientras besaba ese blanco cuello con verdadera devoción, como quién toca a un santo, como quién entra a un templo.
Tantos años anhelaron aquel desnudo contacto, tanto tiempo desearon conocer la piel del otro, tanto que se querían, se deseaban con rabia casi animal y al fin, gracias a un descuido, ambos estaban ya allí, amándose, él recorría por primera vez aquél cuerpo, que pese a no ser virgen, le era fascinantemente nuevo, aquella cintura breve, aquella piel blanca y suave, aquellos ojos profundamente verdes, aquellos cabellos sedosos y dorados, toda ella le resultaba sencillamente un deleite, exquisita, exótica. Creía estarse en el cielo a medida que sus manos recorrían cada centímetro de esa piel, a medida que capturaba su suavidad para encerrarla perpetuamente en su memoria, también le divertía en parte la expresión que la muchacha iba poniendo a medida que cada caricia se volvía más y más íntima, a medida que lenta y juguetonamente los dedos del moreno entraban en su entrepierna, mientras su lengua saboreaba con detalle aquellos senos firmes.
– Oh, Antonio, es-esto es… ¡vergonzoso! – La joven se cubría la boca para que sus gemidos no fueran más sonoros de lo que ya eran
– Anda, Loui… te mojas con mucha facilidad ~ – Le canturreó el español, casi en tono burlón
– ¡Awwwn! ¡Maldición, deja de decir cosas tan perturbadoras! – Lloriqueó ella, más excitada que molesta ante los comentarios.
– Loui, ni te imaginas lo mona que te ves así, sonrojada y sudorosa, eres… preciosa, sencillamente adorable y preciosa. – Comentaba él mientras besaba su vientre e iba bajando cada vez más.
– ¡¿Q-qué estás haciendo, Anton…? – Alcanzó apenas a exclamar, pues ya sentía la lengua de él en su entrepierna, lo cual le quitó todas las palabras de la boca y de la mente.
– Tú sólo disfruta, Loui, sólo déjate llevar. – Tomó la única pausa para luego seguir lamiendo cada vez más profundo, mientras con sus manos acariciaba sus torneados muslos una y otra vez.
El único sonido que se oía en la alcoba era el ruido de las sábanas removiéndose constantemente más los sonoros gemidos de la belga, que en su pleno éxtasis sólo atinaba a asirse de las cobijas mientras el español continuaba lamiendo ahora de forma más ruda. De pronto ella misma, con mucho esfuerzo físico y mental, se puso de rodillas y se puso justo en frente de él, mirándolo de forma algo infantil y caprichosa, él la miró con expresión divertida hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, ella se abalanzó sobre él y le desabrochó el pantalón y se disponía a bajarle el bóxer.
– Uh, mírate cómo estás… – Hubo dicho apenas el miembro del mayor apareció ante sus ojos. – ¿Y si te hago una mamada?
Aquella pregunta y por poco casi le causó un infarto, no se esperaba que ella le hiciera una pregunta así de directa, menos aún en esa situación, pero antes de poder responderle siquiera nada, ella ya estaba afanada succionando y lamiendo de forma enérgica y constante, a un buen ritmo. Al ver esto, por un segundo en su cabeza surgió la indecente pregunta de si acaso ella había hecho eso a algún otro antes, pero cuando sintió que las lamidas y succiones eran más intensas no pudo mantener sus ideas claras durante varios minutos, sólo podía mirar por lo que su vista le permitía esa cabecita rubia que se movía afanada en la zona de su cadera. De pronto aquella incesante lengua se detuvo y la rubia hubo apoyado sus manos sobre sus hombros. Entendió de inmediato qué pedía ella y, gentilmente la tomó por la cintura y la tumbó de espaldas sobre la cama, mientras lentamente se acomodaba entre sus piernas. Le dedicó una dulce mirada mientras le acariciaba el rostro gentilmente, ella le sonrío nerviosa, como indicándole que ya era el momento propicio.
Comenzó despacio por no herirla, ofreció tomarle la mano y a medida que introducía su miembro la iba besando gentilmente en los labios, en el cuello, en la frente, en el pecho, ella sólo gemía levemente, algo incómoda, como era de esperarse pese a no ser primeriza. Acorde le preguntaba iba aumentando de a poco el ritmo, le ayudaba a no dejar caer los pies para facilitarse algo más el trabajo. Fue aumentando más y más la velocidad con la cual la penetraba, hasta que llegó a tomarla de los muslos, sentarse y que la cadera de ella fuera la que hiciera el resto del trabajo mientras él devoraba a besos sus pechos y sus labios.
– Lo…loui… Yo te… te… amo, te amo… – Murmuraba Antonio febrilmente mientras no dejaba lugar a que la joven respirase.
– N-no te creas que no es mutuo, Antonio… ¡Te adoro, te adoro como no tienes idea alguna, maldición! – Y mientras lanzaba su alocada declaración se lo comía a besos mientras se abrazaba fuertemente a él, sin querer pasando a arañarle la espalda, pero algo de lo cual ninguno de los se percató siquiera. – An…Antonio, c-creo que m-me… c-corro, ¡Oh Dios! – Hubo exclamado estando justo en pleno orgasmo, abrazándose aún más fuerte a él.
Él también en el preciso momento del clímax la hubo abrazado fuerte, tan fuerte hasta casi hacerle crujir los huesos y entre ambos sintieron los cálidos fluidos del otro en su cuerpo, acto seguido ambos cayeron rendidos uno al lado del otro, respirando agitadamente y sonriendo cuán quinceañeros hacían el amor por primera vez en sus vidas, tomados de la mano y transmitiendo toda clase de cálidos y hermosos sentimientos a través de sus miradas. Luego se besaron y Antonio se limitó a cubrir los cuerpos desnudos de ambos con una sábana mientras la mantenía muy cerca de su pecho, acariciándole la cabeza con una de sus manos mientras que su otro brazo simplemente se limitaba a rodearla y a acariciar perezosamente su espalda. Luego, sin cruzar más palabras ambos se quedaron dormidos hasta la mañana siguiente. Nickolas los despertó repentinamente, riendo a carcajadas y pidiendo una recompensa por haber limpiado la ropa de Antonio y por haberlos cubierto "mientras ustedes follaban felices de la vida". Ambos se avergonzaron, pero se tomaron la situación con humor.
Y desde ese día Louise y Antonio se reúnen con cierta frecuencia a tratar "asuntos a puertas cerradas", creyendo el mundo un mero trato comercial, sabiendo ellos un trato del corazón.
Sep 18, 2010
Cloudier Sky
El título MUY random fue elegido porque escucho esa canción, no es nada especial .-. la canta una tal Ayane y no recuerdo de qué serie es. LOL QUÉ D<
Hace meses tengo tirada esta cosa y... ¿Me ven preocupada? Ni medio rábano ._. soy poco constante, i know, pero asdf, una se olvida y todo el rollo y demás... Han pasado cosas muuuuuuuuuy gordas, que debían de ser mencionadas sí o sí, carajo o_ó
¿Adivinen quién volvió a la escuela? Pues yo :'D sí, por un tema meramente de burocracia debí regresarme... Espero que esta vez las cosas vayan mejor, pero qué, quedan como dos meses de clase y ya, si es que, me gradúo y todo eso... Creo que podré lograrlo si le pongo empeño, pero no creo demasiado en mí misma. OH NO, no me fío de mí misma. Triste, ¿no?
Ya contaré en otra ocasión qué tal me están yendo las cosas. Tengo un fic por terminar y por si acaso buscaré doujinshis con los cuales inspirarme D: SÍ, mi vida es tristemente aburriiiiiiiida ._. Hoy mi novio tiene un exámen y deseo de corazón que le vaya bien ♥ (Sí, sigo con Tsu/Willheim, ya casi 1 año 3 meses ;D).
Es 18 de septiembre, cumpleaños de Chile, bicentenario...
Hace meses tengo tirada esta cosa y... ¿Me ven preocupada? Ni medio rábano ._. soy poco constante, i know, pero asdf, una se olvida y todo el rollo y demás... Han pasado cosas muuuuuuuuuy gordas, que debían de ser mencionadas sí o sí, carajo o_ó
¿Adivinen quién volvió a la escuela? Pues yo :'D sí, por un tema meramente de burocracia debí regresarme... Espero que esta vez las cosas vayan mejor, pero qué, quedan como dos meses de clase y ya, si es que, me gradúo y todo eso... Creo que podré lograrlo si le pongo empeño, pero no creo demasiado en mí misma. OH NO, no me fío de mí misma. Triste, ¿no?
Ya contaré en otra ocasión qué tal me están yendo las cosas. Tengo un fic por terminar y por si acaso buscaré doujinshis con los cuales inspirarme D: SÍ, mi vida es tristemente aburriiiiiiiida ._. Hoy mi novio tiene un exámen y deseo de corazón que le vaya bien ♥ (Sí, sigo con Tsu/Willheim, ya casi 1 año 3 meses ;D).
Es 18 de septiembre, cumpleaños de Chile, bicentenario...
¡¡VIVA CHILE MIERDA!!
Bueno qué, me despido escuchando "Hoy toca ser feliz" de Mägo de Oz. Oh sí, definitivamente esa canción la hicieron para mí porque damn it que me llega ;_;
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