Mar 9, 2010

Construyendo y destruyendo sueños

Ahora mismo... Parada tras los anchos ventanales que rebosan luz a esta estancia de aspecto señorial... No entiendo el porqué siento como si todo mi mundo, toda mi realidad, toda mi creencia estuviera sucumbiendo ante el efecto de un devastador terremoto.

Crash. Es el ruido de un mundo, un corazón viniéndose abajo. ¿Lo has escuchado? Por lo general, suena tan bajo, tan despacio que solo el propietario de ese mundo derrumbado se da cuenta de lo sucedido... Y si no es el ruido la voz de alerta, es ese dolor en el corazón que quema, que asfixia el que denota lo que en verdad sucede. Nunca escucho el crash, siempre es el dolor el que me avisa que, una vez más, mi mundo se vino abajo.

Y romper a llorar, siempre sin motivo, siempre sin razón aparente... Pero internamente sé lo que está sucediendo. Lloré porque mi barrera, una vez más, ha sido derribada. Lloré porque me he enamorado perdidamente, locamente, sin remedio. No sé qué diablos haría ya sin él. Ya no lo imagino dentro de mi vida. Él es mi vida.

Este es el llanto de humildad, de la que se sabe perdedora de la guerra que es el amor. Y sí, no me avergüenza decir que estoy perdidamente enamorada de alguien que, perfectamente, podría ser solo un sueño... Un dulce sueño enviado a minimizar mi desdicha por un tiempo... quizás.

No podría trazar una sola palabra si él no fuera... mi inspiración. No es dueño de mi corazón. Él es mi corazón.

Sólo sé que he perdido la cabeza, la razón, todo por su amor.

No me importa quererle en secreto, quererle furtivamente.

La puerta se abre y yo voy nerviosa hasta el ventanal, haciendo de cuentas que no le he oído llegar, porque quiero que su dulce voz evoque mi nombre. Como intuyendo todo, se sienta en su sofá preferido y me llama con esa voz que hace que le venda mi alma al diablo. Acudo feliz y soy bendecida con uno de sus tiernos besos.

Le amo.

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