Mar 10, 2010

Dentro y fuera del delirio

Capítulo 1: ¿Qué es blanco... y desespera?

"¿A qué hora me matan?" fue el primer pensamiento que cruzó mi cabeza. Si volvía a darme una vuelta más por los blancos corredores, en verdad iba a perder el juicio. La insania se inyectaba cada segundo más en mi cerebro, como maldita ponzoña... Estaba aterrada, tan aterrada que no lograba apenas cerrar los ojos, apenas respiraba, mi corazón daba brincos como loco en mi pecho. ¿Qué hice para merecer estar aquí, el limbo? Una vuelta más, sigo deambulando como una idiota.

Y sin embargo, si sé que mi cordura -hasta ahora- sigue intacta... ¿Por qué llegan esas imágenes a mi cabeza? Un paisaje desolado, destruído, llantos y gritos... La muerte se pasea burlona ¿Qué anda mal conmigo? Solo... solo son sueños repetitivos, tan vívidos que me asustan... ¿Una señal? Tal vez... Tal vez...

Pero estaba segurísima de una sola cosa: No estaba loca... No aún... Lo acabaría si acaso el encierro podia conmigo...

Yo debía tomar una decisión y huír de este cuarto de ratas lo antes posible...

Tanto blanco... me hacía sentir malditamente enferma. 

Capítulo 2: Estrategia. ¿Fallo?

El plan de huída estaba casi perfecto. Casi No, no había lugar a dudas... ¿Y si algo salía mal? "¡Deshazte de ese pensamiento, estúpida!" me obligué a mí misma. No podía mentirle a mi corazón, tenía mis dudas. Y mis grandes y justificadas dudas. Me di otra vuelta por los blancos corredores, el blanco ya no me irritaba. No tanto, al menos. Suspiré mientras mis desordenados cabellos caían en mi rostro, algunos, y otros se esparcían desde mi cuello hacia mi pecho, hombros y espaldas, como un gran lío castaño claro... No me había mirado en el espejo, pero suponía que debía estar pálida y demacrada ¿Eh, qué podía esperarse?. Una vuelta más... me sentía uno por ciento más juiciosa ahora.

Medianoche. Era mi hora.

Entre la lluvia y el viento huí. Si estaba sana ¿Por qué estar allí? Me balanceé nerviosa sobre mis talones y salté. Me rompí la muñeca al llegar al otro lado de la verja y mis piernas fueron seriamente heridas por los alambres. Gemí, vi sangre fluír. Demonios... Estoy herida. ¿Qué rayos importa?

Corro bajo la imponente lluvia. Sigo corriendo, descalza. La lluvia azota en mi debilitada piel.

Sin embargo...

No siento nada. Nada. Absolutamente nada. La lluvia cae como plumas en mi piel, solo un leve cosquilleo.

¿Habré enloquecido? ¿Era éste el infierno? 

Capítulo 3: Un presagio. Una verdad.

La ciudad sigue y sigue su curso natural. La gente me mira, ya con miedo, ya con lástima. No me importa. Solo quiero hallar a mis seres queridos, los mismos que entre lágrimas y sollozos me llevaron a aquella blanca prisión ¿No es el colmo? Me traicionaron y lloraron. ¿Que si siento odio o rencor? No, no... Solo deseo hallarlos y protegerlos del negro destino que se nos viene encima.

Los ojos de mi madre me hallan. En vez de abrazarme o reconfortarme con alguna palabra, corre despavorida. No la culpo, como he de estar debo ser aterradora... o al menos, repulsiva. ¿Que si acaso estoy llorando? No, es lluvia la que corre por mi rostro...

¿A quién pretendo engañar?

Dolió. Dolió como si mi corazón fuese tomado y rasgado, una y otra, y otra, y otra vez. Sí, las gotas de lluvia encubren mis dolidas lágrimas. Estoy herida, tengo frio, hambre, estoy cansada... Quiero un abrazo, que alguien me apriete fuerte y me mienta con un "todo está bien". Lo creería, lo creería...

Pero no. Solo soy despreciada.

De pronto, mi cabeza... duele... duele demasiado. Caigo al suelo, de rodillas, me retuerzo de dolor, pero nadie siquiera para a tenderme una mano, a darme una caricia. Estoy sola, tan sola que se hace aterrador. Oh no, es la visión otra vez.

Es el fin del mundo...

Oigo gritos, a lo lejos...

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