Desconozco este lugar. Por seguir a las estrellas, acabé extraviada. Miro al cielo y no hay luna. Sólo estrellas, brillantes y juntas, pero todas solitarias. Como la gente en la multitud, todos parte de un todo, pero nada son. No conozco a nadie. No tengo miedo, sin embargo. Nada siento. Apatía.
¿No crees que es triste?
No. No es triste... Sólo... es... patético.
Duele pensar así. No hay aquí ninguna sonrisa que me ilumine y ampare de ese cielo límpido y claro de estrellas. Odio este hermoso lugar. Se asemeja a un paraíso en llamas...
¿Por qué grito tu nombre y no vienes? Sin ti estoy perdida, errante... muerta en vida. Te necesito más que al aire, más que al agua, más que a la luz.
Hasta ahora, no lo sospechaba. O no quise sospecharlo. Te extraño. ¿Qué eres? ¡Mi razón, mi vida!
Y ahora que no estás... He perdido esa paz por la que tanto luché. Voy a buscarte, a recuperarte.
Ha pasado el tiempo. El mismo cielo, las mismas estrellas, sólo ha cambiado la gente. Pero es gente solitaria al fin y al cabo. Gente que trae una máscara de felicidad que oculta sus lágrimas. Los detesto. Detesto esa hipocresía con la que sonríen.
Y te veo al fin de un largo camino. Siento que no llegaré a tus brazos...
Sin embargo, llegas, me abrazas...
Gracias
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