Me puse en camino.
Ciertamente el hospital quedaba a minutos de mi casa, pero esos minutos se me hacían enternos. Encima la lluvia y yo sin paraguas ni nada. Maldita sea, no podría ser peor. Caigo una vez al suelo. Me levanto. Caigo otra vez. Casi arrastrada llegué al hospital. Un error, una tontera, estaba dispuesta a pagar sus consecuencias, pero la muerte no era viable. No tengo aliento, las piernas me tiemblan a cada paso, mi cabeza da vueltas y vueltas, mi visión es cada vez más difícil, me siento ahogada. No, no... Por favor... ¡Ayúdenme!
¿Quién dijo que éste era la "salida fácil? ¿A qué pendejo se le ocurrió el término?
- A...ayu...da... - Susurro a la entrada, tanteando el aire con mis manos. El calor de una mano sostiene la mía, un cuerpo tibio impide que yo caiga al suelo. - Yo... yo... no qui...se hacer...lo... - murmuro antes de que todo se fuera a negro.
- Hey... espera... ¡Rápido, un médico! -Lo demás que oí fueron gritos, alborotos, carreras y desesperación.
Desperté mucho más tarde, algo no me dejaba respirar del todo bien... Oh, genial, ¡otra vez! tenía una sonda metida en la nariz. ¿Acaso la sonda limpiaba toda la mierda de mi cerebro? Ojalá y así fuera, pero pude armar hechos. Estaba en el hospital, dos enfermeras monitoreaban mi estado. Suspiré, por una parte no me salí con la mía: estoy viva. Quizá ésto me alegra en parte, quizá me dan ganas de tirarme al suelo y hacer un berrinche... quizá. Miro a alguien de sweater casi blanco, ojos miel y cabellos negros, me mira con preocupación, pero alivio a la vez. "No es exáctamente blanco", hago un absurdo constraste entre su sweater y las paredes. Primera vez que el blanco no me desesperaba... era una clara señal de que estaba "viva". Suspiró, se acercó a las enfermeras, habló algo con ellas y ellas asintieron. Se acercó a mí, mi cabeza se sentía como si adentro sólo hubiese agua, mis oídos escuchaban todo en una subfrecuencia, era molesto, pero me era ciertamente "agradable" seguir viva. Ésta era una lección, muy dura, pero ésta me la aprendía.
- Ay, qué bueno que estás mejor - Sonrió y se sentó en una silla al lado de la cama - ¿Cuál es tu nombre?
- Tú... tú fuiste el que me... salvó... - Aún me costaba mucho articular bien las palabras, aún las sentía como hilos mojados y calientes en la boca, nada con demasiada forma. - Eh... soy... - Ni mi propio nombre lograba recordar - Ca...rrie. - Iba a sacudir la cabeza -
- Yo que tú, dejo quietecita la cabeza, nena. - Susurró - Si se te mueve la sonda... ouch, ouch... te va a doler. Soy William. Creo que fue algo... extraño de tu parte, Carrie.
- ¿El qué?
- Venir luego de tu "gracia", si querías morir, mejor te hubieras quedado en casa, llorando hasta quedarte sin lágrimas
- Hey, yo...
- Pero fuiste más madura y viniste. Felicidades, estás viva. - Sonrió ampliamente. - Bien. ¿Cuándo comenzamos tu terapia?
De ahí en adelante mi vida mejoró bastante, estaba poniendo ahínco en vivir, en disfrutar. ¿No suena tonto luego de mi acto fanfarrón?
Un día de primavera, hablábamos bajo un sauce que daba mucha sombra, yo estaba sobre el césped, deshojando margaritas y él fumaba a mi lado, con una mano en el bolsillo de su bata. Me había aclarado que nuestra edad difería sólo de dos años, para que yo no le dijera "usted" ni nada así.
- Es bien parecido al amor... - susurró, quitándome la margarita que tenía en mi mano.
- Se le llama soledad. Eso siento cuando te veo. - Suspiré, viendo como acariciaba un pétalo antes de arrancarlo
- Yo siento más amor que soledad.
- Siento defraudarte, pero en mi caso... más soledad.
- ¿Me das un beso?
- ¿Por qué lo pides?
- Tengo modales, mi dama.
- A veces me gustaría que fueras descortés.
- Muy bien, seré descortés, niña terca. - Se inclinó y rozó sus labios con los mios. Me besó un rato y se sentó a mi lado - ¿Por qué no dejas a estas pobres margaritas?
Tomado desde el Fotolog xD
No comments:
Post a Comment