Bueno, les habla la pendeja de siempre... Y este blog, para variar, será de lo que pienso.
Una vez más, supongo, estoy acá dando la batalla.
Otra vez, sí, otra vez... Porque vivir es luchar y no se necesita ser fuerte para la batalla. Anda, te puedes caer cuántas veces sea necesario, cuántas veces te sientas desfallecer.
Porque caerse está permitido, pero levantarse es obligatorio.
¿Vas a tomarte ese lote de pastillas? ¿Seguro de ello? Yo que fuera tú, las tiro toda y mando a la mierda esos pensamientos, ¿Sabes? No soy ninguna puritana y no tengo derecho de decirte qué hacer o qué pensar, tú eres libre de ello, pero te lo diré: Si tu madre te dio la oportunidad de vivir, no la desperdicies. Si fueras realmente un derrotista, ni siquiera hubieras llenado de aire tus pulmones y llorado apenas naciste. Vivir nos lo han impuesto, sobrevivimos porque queremos.
No sé qué tanto te toquen mis palabras, pero si vas a pasarte toda la vida sentado, con la cabeza entre las manos y lamentándote, tú, sí, tú, te estás perdiendo ya la mitad de tu vida. Nadie sufre por mero gusto, pero superar el dolor está en cada cual. Sé fuerte, sé capaz, si la vida te abofeteó, devuélvele la cachetada. Sé rebelde, sé tú mismo, mientras tú seas tú, mientras no pierdas tu verdadera escencia, estarás bien.
Si sientes ganas de lanzarte al vacío, recuerda que quizá, no ahora, no mañana ni pasado, pero sí en unos años, hallarás dicha. A los diecisiete o dieciocho años no puedes ni debes hablar de morir como si fuera qué, tienes derecho a vivir, pero no por ello, tienes derecho a poner fin a tu vida.
Táchame de loca o metiche, pero te habla una persona que ya ha probado la agonía... y cuyas cosas vio, fueron de su desagrado.
Tras la tormenta, siempre habrá sol. Recuérdalo.
Dedicada al que quiero tanto como a un hermano.
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